Garzas viajeras, novias leves del azul 
con rumbo norte salpicando el cielo van 
y aqui mi río espejo muestra su vuelo               
como si fuera un pañuelo que enero lavando está.
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23 enero 2010

Uspallata


Un imponente barco negro emerge en el grisáceo oleaje...
El centinela gigante larga sobre inclinados paredones su soplido de piedras...
En el anfiteatro con techo de estrellas, los sordos y rojizos espectadores
contemplan un concierto de quietas rocas...
Un hombre de nieve se desliza desde la cima procurando devolver el verde a cada grieta de la montaña...


El camino desde Uspallata hacia Chile juega con nuestra imaginación. El paisaje confunde nuestros sentidos, tironea y desgarra la ligadura que tienen con los parámetros impresos. Por momentos la cordillera se confunde con el suelo, luego con el cielo, brotan montañas sobre montañas en la montaña, las diferentes
texturas, formas y colores no permiten que la retina descanse.


Revivimos la marcha mundial por la paz en Punta de vacas, después siguieron Penitentes, Las Cuevas... los colores, la historia y leyendas del Puente del Inca; la cornisa, la música y el viento en el Cristo redentor y el Aconcagua perdido entre nubes.
Compartimos el asombro de estos bellos lugares con Mario y Melisa. Ellos nos levantaron en Potrerillos y su amabilidad no dudó en llevarnos de paseo toda la tarde. Gracias!


De a ratos dejamos el pavimento, el coche y el silencio para subirnos entre sueños al bólido de hierro que en algún momento gastó estas incansables vías. Es imposible no imaginarnos en el tren, atravesando estos paisajes con un ostinato de contenidas campanas. Hoy día esta travesía es pisoteada por el imperio camionero. Ya saldrá el ferrocarril del oscuro túnel en el que lo metieron.
En el cristo redentor, con una pata en Chile y la otra en Argentina




Al pie del Aconcagua
(si quiere verlo corra las nubes)


Puente del Inca

19 enero 2010

Las Vegas




Salir a dedo de las ciudades capitales no es "moco´e pavo", por eso fue que nos arrimamos a la terminal de Mendoza con la idea de llegar a Potrerillos. Con boleto y una larga espera por delante buscamos la mejor forma de matar el tiempo: escuchamos guitarra bandoneón y violín... y nos acoplamos con lo nuestro.

Ya en viaje nos enteramos que la parada no era una sola y porfiados al dicho "coma caca, millones de moscas no pueden equivocarse" nos bajamos solos, en la última y lejos de la civilización.

Así fue como terminamos en Las Vegas, un pequeño valle entre montañas, con numerosas margaritas decorando los
pintorescos jardines, sauces llorones de mas de 60 años y dos arroyos atravesando el poblado.


Llegamos al camping, varias señales nos indicaron que ese no era el lugar para nosotros y nos condujeron hacia un descampado hermoso con un arroyito a sus pies donde nos instalamos por unos
cuantos días... de a poco equipamos la morada con una mesada de mármol (pedro), un florerito para el detergente y la esponja (flor), un felpudo que usamos de parrilla (pedro) y un toldo
rosa para protejernos del sol (flor).


Los días de las vegas pasaron con pequeñas caminatas, extensos paseos bordeando el río (nos perdimos), cena en el centro cultural, espectáculo de títeres (cantamos tongo tongo!) pero lo más lindo fue el simple correr de los días en ese lugar: sombra, guitarra, libros, arroyo, siesta, fuego, macramé... acompañados por el canto de los pájaros y ante la mirada guardiana de los picos nevados.




Limpiando la represa! 

Cantando y leyendo a orillas del arroyo

17 enero 2010

Mendoza

Despues de 5 días en el Volcán y queriendo acortar gastos, volvemos a la ruta rumbo a la Tierra del vino.
Transporte: un camión de hacienda (con vacas) manejado por Juancho.

El camión de Juancho

La ruta 7, recta interminable, nos acerca a la ciudad y dibuja el paisaje con los nevados de la cordillera. Pasamos varias horas pateando las anchas veredas bajo la sombra de los plátanos y ningún hostel tenía lugar para nosotros. Terminamos en un hotelucho barato, desayunando como Dioses, y de paso juntamos fuerzas para recorrer la ciudad: la peatonal, la plaza Independencia y el inmenso parque San Martín.

Mates en la plaza, vueltas por la feria y a la noche a lo de Juan que nos esperaba para compartir su techo, un par de camas, el lavarropas y dos cervecitas Andes!


 
 
El parque San Martín 

  
La plaza independencia 

  
 Juan, Pedro y un par de Andes

Latinoamérica en las nubes!